Por los gastados…

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I

Por los gastados corredores que bajan al mar yo viajo
descendiendo innumerables cascadas de espuma y oro,
con un susurro de sauces meciéndose a mis espaldas
y un ronco murmullo de aguas que se derraman en mi vientre.

Hay materiales suspendidos en este barro, cuyo origen
en cielos o lluvias lejanas aún vagamente se recuerda,
y hay un orgullo tenebroso, un sabor de hierro o de sangre,
en la labor obsesiva de las raíces que me rozan.

Por derruidos corredores que bajan al mar yo viajo,
por galerías despojadas de sus fragantes minerales
bajo cantando con un cántaro lleno de huesos a la espalda,
con amuletos en el cráneo y con cenizas muy recientes.

II

Yo arrastro el nombre de la lluvia,
rosa de lágrimas perfectas,
cántaro azul que se deshace
en los duros ovarios de la tierra.

Arrastro cálices gastados,
arrastro urnas y colmenas,
arrastro semillas mordidas
y huevos enfermos de lujuria y cólera.

Yo soy la lepra verde de los bosques
que derriba las máscaras de piedra
empujando los cadáveres de los mil últimos reyes
que aún sueñan con calendarios y serpientes de madera.

Hay un reptil dormido en mis entrañas
que una vez cada año se despierta
cuando suenan los troncos podridos y se abren
los vientres de las diosas oscuras en la selva.

Yo arrastro las estatuas mutiladas
que reposan lascivas en la arena
y hago nacer enjambres de termitas
interminables en sus piernas.

Yo arrastro rostros, ánforas de barro,
ruedas enmohecidas y cadenas
que atan al hombre contra el hombre, ombligos
que unen las cosas vivas con las muertas.

Yo arrastro la salud de ciertos ídolos
cuya boca está llena de avisperos y piedras,
criaturas anteriores al lenguaje
con el corazón cubierto por milenarias cortezas.

III

Pero yo no saqueo los cofres del sueño
ni dictamino el odio de la ciudad perdida
ni muerdo el vientre cíclico de las adolescentes
ni escucho el ronco duelo de las palomas híbridas.

Nunca en la incertidumbre de un péndulo he encontrado
la pequeña azucena de ignorada mecánica
ni en el trigo sin germen de mis manos se ha visto
paralizarse un ave ensayando la muerte.

Yo busco en mi ignorado dominio un pasajero
que tiene las cerezas del rostro sepultadas
bajo los pies hostiles de los guerreros húmedos.

Anido en el ombligo de una diosa de piedra
bajo la fresca rosa del alma amanecida
y en el canto del gallo mis cabellos se queman.

Yo levanto en la noche las espadas del fuego,
rendición definitiva de los últimos planetas,
evocando el magnetismo silencioso de la tierra
o el triste olor femenino que desorienta las brújulas.

Yo esperaba el latigazo de la yerbas trepadoras
sobre las carnes de ensueño que imaginan las manzanas
y el grito de las semillas cuando el agua de la lluvia
las penetra mancillando su corteza inmaculada.

Porque en el agua podrida que pisan los pies descalzos
de aquellos que atravesaron la frontera de la selva
hay ojos donde las larvas insólitas se desmayan
y caimanes que reviven con erótico entusiasmo.

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Luis Bartolessi

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Luis  Bartolessi

Me gano la vida desarrollando webs en Java, PHP, javascript, o tocando el saxofón, según vengan las cosas. Me interesan la filosofía, los medios de comunicación, la antropología, la tecnopolítica. Leo mucho Lacán, Zyzek, Foucault, Evguen Mozorov, Carola Frediani, Duccio Canestrini, Silvia Federici, Mohsin Hamid, Amin Maalouf, Yourcenal, Wittgenstein, etc, etc...

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