Poesía

Este conjunto de poemas son los que han sobrevivido a mi juventud. Antes de dar carpetazo a aquella fase de mi existencia literaria los reuní todos en un libro, les puse título y los agrupé en varios capítulos o partes o secciones. En esta nueva revisión, a más de cargarme unos cuantos que ya no me gustan (en mi derecho estoy pues yo les di la vida y soy muy dueño de quitársela), he suprimido también los títulos de los poemas y el del libro. Nunca gusté de títulos, ni en los poemas ni en las personas, que han de valer por lo que dicen y lo que hacen y no por sus calificaciones o etiquetas. Mantengo, en cambio, la división en secciones y la nomenclatura de éstas, no porque tenga sentido alguno, que no lo tiene, sino porque cada sección tenía una dedicatoria que hoy quisiera, en la mayor parte de los casos, conservar.

El libro en su conjunto querría dedicárselo a Belén Bartolessi. Pobre legado, sin duda, pero es lo que hay. Quiera el tiempo darme ocasión y fuerzas para poder ofrecerle algún día obra de más provecho e interés que esta.

Todos estos poemas están escritos en voz alta y, por tanto, así debieran ser leídos. Hay que dejarse llevar por ellos y disfrutarlos como se goza de la música y no intentar comprender nada pues yo mismo, que los escribí, ni los entiendo ahora ni los entendí entonces y mucho me temo que no he de entenderlos nunca, sencillamente porque no hay nada que entender y punto.

Y, para terminar, una única advertencia: Es muy común que se piense que la poesía lírica es siempre autobiográfica. Que uno escribe poesía para hablar de sí mismo, de lo que siente, de lo que piensa, de lo que le ocurre o le deja de ocurrir… Al menos en mi caso (y creo que en otros muchos) esto no es cierto. Trátase más bien de dejar al lenguaje fluir y manifestarse libremente. El individuo, la persona, el autor, carece de importancia. ¿Cuantos pintores conocéis cuya obra consista fundamentalmente en autorretratos?. En los poemas de este libro el narrador, o narradores, no suelen identificarse con el autor y, aunque así fuera, el autor nunca es, ni mucho menos, en ninguna obra lo mismo que la persona que escribe. Los poemas de este libro son puestos en voz de personajes ficticios, casi siempre seres de la naturaleza: un árbol, un arroyo, una piedra, una bestia o un hombre.

Podéis leerlos en el orden que os de la gana, pues cada poema es en realidad completamente independiente. O no leerlos en absoluto, que es otro de los órdenes posibles. VALE.

Luis Bartolessi

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Luis  Bartolessi

Me gano la vida desarrollando webs en Java, PHP, javascript, o tocando el saxofón, según vengan las cosas. Me interesan la filosofía, los medios de comunicación, la antropología, la tecnopolítica. Leo mucho Lacán, Zyzek, Foucault, Evguen Mozorov, Carola Frediani, Duccio Canestrini, Silvia Federici, Mohsin Hamid, Amin Maalouf, Yourcenal, Wittgenstein, etc, etc...

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